¿Quién me iba a decir a mí que podría llegar al final de este proyecto? Todo el mundo estaba convencido de ello, todo el mundo menos yo.
El camino se hizo prácticamente insalvable a finales del pasado diciembre, pero nunca imaginé lo que faltaba por llegar. Cuando pensaba que había alcanzado la cima, los ojos me hacían ver la realidad y ésta era que aún quedaba mucho. Mucho y cada vez más cuesta arriba.
Día a día, semana tras semana, mis fuerzas fueron menguando, tanto que actualmente solo me queda la que me dan los resultados obtenidos y el recuerdo del abrazo de una alumna que me dio el último día de prácticas en la cafetería, diciéndome que lo había entendido todo y que había disfrutado mucho mis clases. Tengo que utilizar su recuerdo para este último tramo, la prueba más difícil, el reto más importante, ese último trabajo que hará que pueda conseguir mi objetivo.
Cómo acabaré después de ello es una incógnita, pero de nada habrá servido todo mi esfuerzo a lo largo de estos meses si ahora no consigo el título. Así que voy a por él: cansada, casi sin ánimo y habiendo estado muchas horas delante de una pantalla de ordenador en lugar de vivir un poco mi vida pero todo encaminado hacia esa ilusión. Así que voy a continuar luchando, porque solamente quedan unos días más, un esfuerzo final más, y espero que dentro de poco pueda escribir que ya tengo mi título.

