Como última práctica, Isabel nos ha propuesto debatir el tema de la atención a la diversidad en el aula y, para ello, ha hecho cuatro grupos que se han enfrentado dos a dos. Cada par defendía o atacaba el tema propuesto en turnos de intervención, basándose en una parte del texto guía de la asignatura y en datos recopilados de forma independiente. En mi caso, me ha tocado estar a favor de la diversidad y, por ello, he intentado hacerlo de la mejor manera posible, aunque como siempre los nervios han estado presentes a la hora de hablar en público.
REFLEXIÓN
Realmente mi postura es más favorable a la opinión contraria, aunque verdaderamente el término medio sería lo ideal. Voy a intentar explicarme.
Durante este mes y medio de clases he descubierto que la enseñanza actualmente ha cambiado muchísimo desde mi adolescencia. La diversidad, hace casi 30 años, no estaba tan presente en la clases como ahora: distintas etnias y culturas, y distintas clases sociales y contextos socio-económicos hacen que el aula sea muy diferente a mi época. Pero todo ello no implica que siempre habrán los que más fácil aprendan la asignatura y los que sean más duros a la hora de entenderla.
Al no tener hijos, no conocía toda la diversidad de cursos, opciones y caminos que actualmente están al alcance de la mano de los estudiantes, con el fin de poder conseguir el título de graduado. Y, aunque creo que es una buena opción para aquellos alumnos que realmente tienen graves problemas de comprensión y seguimiento de las materias, me ha parecido deducir que, actualmente, muchos alumnos se apuntan al carro del "no esfuerzo" y que muchos pasan a clases de diversificación, desdoblamiento y demás opciones sin que sea totalmente necesario hacerlo.
Se habla del problema de la masificación de las aulas pero cuando era adolescente éramos 40 en clase y el profesor tenía que llegar a todos y, casi siempre, lo conseguía. ¿Que habían suspensos? Claro, ¿cómo no? Pero ahí estaba el profesor para explicarlo todo de nuevo si era necesario. ¿Que había los que siempre estaban haciendo jaleo? Por supuesto, pero también existía el respeto al profesor, las normas y la disciplina y a una palabra del docente o a una mirada, todo volvía al silencio. Y con todo esto no estoy diciendo que tenga que volver el tiempo de la regla en la palma de la mano, o el de los libros en brazos en cruz ¡eso nunca! Pero también es necesario que los profesores vuelvan a imponer su autoridad sin perder por ello ese toque de motivación en las aulas. Es necesario ver quién realmente necesita esa diversificación, ese total refuerzo y separación del resto para poder enseñarle lo que no comprende, porque el sistema se está adaptando al nivel inferior sin ofrecer nada al que se esfuerza. Si los que pasan un poco de todo pueden conseguir el mismo título que los que sí se esfuerzan, pero gracias a un currículo mucho más suave que los segundos ¿dónde está la motivación para los que sí están atentos en clase y pasan horas delante de un libro intentando resolver todas las cuestiones planteadas en la ESO?
En definitiva, diversificación SÍ, siempre que sea realmente necesaria, siempre que exista un problema REAL. Para el resto, un poco de exigencia, de autoridad pero siempre, siempre acompañada de clases imaginativas, en las que se fomente la participación, el diálogo, la "chispa" del profesor, la motivación del docente convertida en motivación para el alumno, las ganas de enseñar y de que el alumno aprenda, y el contacto con los jóvenes porque si estamos tan lejos de ellos, nunca conseguiremos que se interesen; tenemos que conseguir que quieran compartir con nosotros la magia de la cultura, de la ciencia, del saber y si nosotros no se lo ofrecemos con vocación, entusiasmo y dedicación, ellos tan solo lo recibirán como una obligación y ante eso, querrán elegir el camino del mínimo esfuerzo y, desgraciadamente en estos días, lo podrán seguir.

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